Ona Cap 1

Capítulo 1

ONA MARIN

Un gintonic de London sin florituras era su bebida favorita, y en eso estaba Vicky en el Nemos, cuando por el espejo de la barra vio entrar a Carlos Alegre.

Abogado de éxito en Barcelona por ser el defensor del clan Nóvikov, la mayor banda de crimen organizado de Europa, dedicada a la prostitución desde la frontera francesa hasta el norte de África, al tráfico de drogas, de armas y según dicen las malas lenguas también del tráfico de órganos.

Una ojeada en círculo a todo el local y enseguida reparó en ella: pelirroja, pelo largo y rizado, escote pronunciado en la espalda, que dejaba al descubierto un tatuaje del perfil de un lobo aullando y una estrecha cintura que era el principio de unas caderas redondeadas.

Se sentó a su lado con toda la intención, haciéndole una seña al camarero.

—¡Hola! Ponme un gintonic de London, con hielo y limón, sin adornos, por favor.

Vicky le miró sorprendida y él se giró al notar el gesto de su compañera de barra.

—¿He dicho algo malo? preguntó curioso.

Ella le miró de arriba a abajo divertida.

—Tú y yo nos conocemos ¿verdad?

Se quedó pensativo un momento mirándola fijamente unos segundos, hasta que abrió sorprendido sus grandes ojos azules y exclamó —Eres Victoria Montenegro, la forense del caso Resku.

—Sí, y tú el abogado defensor, pero no recuerdo tu nombre. Por favor llámame, Vicky.

—Soy Carlos Alegre. Se acercó y se dieron un par de besos a modo de saludo.

El camarero observaba divertido la escena y se acercó a ellos.

—Si llego a saber que has organizado una quedada de bebedores de gintonic sin florituras, hubiera encargado más tónicas.

Rieron los tres.

—La verdad es que me ha sorprendido que pidieras lo mismo que yo, y ahora que ya se quién eres sigo sorprendida, hubiera jurado que bebías Vodka, tovarishch…mientras le guiñaba un ojo, y rieron de nuevo.

—Lo ruso es solamente para los negocios y cuando salgo del despacho, procuro olvidarme de ellos. Además, me he cogido quince días de vacaciones y el lunes me voy a Formentera a desconectar.

Vicky lo observaba minuciosamente. Un metro noventa, unos ochenta kilos, ojos azules oscuros e intensos, rubio con un corte de nuca rapada, muy hípster, que le daba un aspecto de chico travieso. Se notaba que hacía deporte, aunque no en exceso, la musculatura bien definida, pero sin exageración. Vestía una camisa de cuello Mao de lino blanco, un pantalón pirata verde y unos tirantes negros haciendo juego con unas sandalias de piel de tiras negras.

Podría decirse que era muy cuidadoso de su aspecto, presumido, conocedor de su atractivo y seguro de si mismo.

—Y ¿cómo te va la vida, forense?

—Pues, bien. Todos los días hago amigos en el trabajo…

Carlos expulsó gran parte de su copa por la nariz mientras intentaba dejar de reír para no ahogarse.

—¿Intentas matarme porque vas floja de clientes?

—Hum, podría ser, aunque me gustaría follarte antes de tenerte en la mesa de autopsias. — y le dio un sorbo largo a la copa sin dejar de mirarle a la boca.

—Los rodeos no son lo tuyo.

—No, si no sería abogada…

—Bien. — respondió divertido. — Como el abogado soy yo, te voy a proponer un trato: nos tomamos unas copas, te invito a cenar y después vamos a mi casa y me follas, a menos que tengas otros planes o estés esperando a alguien.

Vicky haciéndose la interesante, miró al techo, después a la copa, se llevó un dedo a los labios impostando una actitud de lolita inocente y susurró. — acepto, aunque la cena y el follaje han de ser a medias.

Él acerco su rostro, muy cerca como si fuera a besarla y en el momento justo desvió sus labios hacia la oreja y afirmó: — Tenemos un trato.

—Si lo que pretendes es ponerme nerviosa como si fuese una inocente virgen de instituto o someterme con tus tretas de playboy, vas desencaminado. Aunque te diré que me pones muy cachonda.

—A este paso vamos a dejar la cena para otro día.

La carcajada de la forense le dejó fuera de juego, aunque seguía mirándola muy divertido.

—No habrá otro día, no repito amante. Aunque haya sido el polvo de mi vida. Si repites se genera un vínculo emocional y eso no me gusta. No me gusta nada que no pueda controlar.

—Ósea que básicamente tienes miedo a enamorarte, al compromiso y a que te hagan daño.

—Es una forma de enfocarlo, abogado. Pero yo lo entiendo de otra manera. Me encanta mi vida tal y como está, entro y salgo a placer, solo me ocupo de mi misma y de mis necesidades. Mi trabajo es mi pasión y no necesito nada más. Cuando quiero sexo lo tengo, pero sin implicaciones. Y siendo sincera, me va bien, más que bien.

—Pues no seré yo quién te rebata tu forma de vida, porque la mía es prácticamente la misma. — Y levantando la copa la invitó a brindar.

Se miraban estudiándose el uno al otro, hasta que el camarero les interrumpió.

—¿otra ronda sin florituras?

—Por supuesto

—¿Os apetecen unos nachos con guacamole, caseros y recién hechos?

Carlos la miró interrogante y asintió al camarero.

—¿Vives lejos de aquí?

—En la manzana de arriba, un minuto caminando, dos si vas borracho…

Los nachos y las copas se fueron acabando y llegó el momento de decidir si pedían otra copa o dejaban rienda suelta al deseo que se había creado entre los dos.

—¿Nos vamos?

—Sal tu primero, yo voy ahora. — respondió ella.

Como un corderillo obediente, pero vistiendo su piel de lobo, Carlos accedió.

Vicky salió al cabo de un par de minutos, fue a su encuentro y él la recibió abrazando su cintura. Al llegar a la esquina, se paró y la beso intensamente, haciéndole saber cuánto la deseaba, ella le respondió de igual manera.

Con las manos en la espalda y apoyada contra la pared del ascensor, Carlos sujetaba a Vicky con el peso de su cuerpo, que hacía de todo excepto intentar abandonar esa cárcel. Cuando un hombre de esa magnitud te inmoviliza tan dulcemente como lo estaba haciendo, lo único que te puedes permitir es sentir y transmitir que lo que sientes te gusta. Por eso mientras él besaba sutilmente su cuello, con los labios al principio, con la punta de la lengua después, ella rozaba su torso con los senos y apretaba su pubis contra la pelvis de su oponente sintiendo la firmeza y dureza del deseo de él y la humedad del suyo propio.

Carlos sentía los senos turgentes a través de la blusa y el ronroneo que ella emitía con cada nuevo beso. Poco a poco fue soltando sus manos para descansarlas en sus caderas y atraerla hacia su sexo mientras seguía su danza del cuello hacia el escote.

Vicky se puso de puntillas para rozar con su sexo el apretado paquete que esgrimía Carlos en la entrepierna, ajustándose aún más a su virilidad.

Resopló y la miró fijamente a los ojos, con la mirada turbia apenas se podía distinguir el azul de sus ojos, las pupilas dilatadas por el placer

—¿Vamos a dejar algo para la cama o vamos a hacerlo aquí y ahora?

Ella acarició su sexo y le sonrió pícaramente.

—Quiero que me poseas cómo y dónde quieras. — Y le volvió a besar profundamente.

El ascensor llegó al ático, salieron sin poder soltar sus bocas. Cuando llegaron a la puerta de casa, Vicky se impulsó y lo abrazó con sus piernas alrededor de la cintura mientras le iba bajando los tirantes por los hombros.

El cuerpo fibrado del abogado, sus amplios hombros y su piel bronceada, aumentaron aún más el deseo de ella.

Giró su cuerpo ofreciéndole la espalda, él aprovecho para deshacerse de la blusa mientras le mordía levemente la nuca, su piel reaccionó a la caricia erizándose por completo, y más aún cuando notó su sexo duro contra sus nalgas.

Le cogió las manos y las depositó en sus senos haciéndole notar el recibimiento que le ofrecían sus pezones, sintió como vibraba su pene en las nalgas y sonrió para sus adentros, él susurraba algo imposible de descifrar.

Ya desnudos se contemplaron detenidamente, descubriéndose por primera vez, con la respiración agitada y el deseo saliendo por cada uno de sus poros.

Se tumbaron sobre la cama sin separar ni los labios ni las lenguas y así estuvieron un rato, reconociéndose, comiéndose con avidez, hasta que una caricia entre las ingles de la mujer provocó en ambos un gemido al comprobar la humedad que emanaba de su sexo completamente depilado y hambriento.

Carlos fue descendiendo entre lametones y caricias hacia los pechos, jugueteando con los pezones sonrosados y duros que le daban la bienvenida, hacia el vientre mientras con la mano acariciaba el sexo completamente mojado de Vicky que serpenteaba con los brazos por encima de la cabeza, entregada por completa a él.

La mano se convirtió en lengua, que se quedó quieta esperando la reacción que prometía, ella gimió largamente y Carlos aspiró su aroma hasta que todos sus sentidos se quedaron embriagados. Hundió totalmente su cara en la pequeña y encharcada oquedad que se le ofrecía y comenzó a lamerla con toda la lengua, sin hacer presión, de abajo hacia arriba, para saborear todo el jugo que desprendía. La mujer arqueaba su espalda abandonada al placer, siguiendo el ritmo que le marcaba su compañero, pero quería más, que revisara todo, así que con sus manos separó ampliamente los labios de su sexo y apretó la cabeza del intruso con fuerza contra sí.

Con las manos debajo de las nalgas, notando como los glúteos estaban completamente contraídos, Carlos abrevaba despacio y rítmicamente. El sabor le estaba volviendo loco, y notaba como su sexo cada vez más duro y mojado quería acceder al interior de ella.

Su lengua comenzó a hacer círculos hacia un lado, después hacia otro y eso hizo que comenzase a moverse desenfrenadamente, en cada lamida que rozaba levemente su clítoris, Vicky se movía más, hasta que ambos encontraron el punto justo de máximo placer, se entendieron perfectamente, y la lengua continuó al mismo ritmo hasta que sintió como las piernas se tensaban y ella dejaba de respirar para emitir un gruñido de placer.

Levantó los ojos a lo largo del cuerpo de su contrincante, que se retorcía al compás de las contracciones del enorme orgasmo que le acababa de proporcionar. Siguió allí agazapado, con su presa entre los labios y succionó ligeramente. La respuesta no se hizo esperar, otra oleada de contracciones le estallaron en la boca y no pudo evitar sonreír victorioso.

Con la misma rapidez que alcanzó dos orgasmos, se repuso y giró su cuerpo entre las piernas, tumbándolo de espaldas. Lamió de sus labios el sabor de su sexo, cosa que le excitó muchísimo. Hacía tiempo que no había estado así de relajado, confiado y caliente.

Mientras Vicky jugueteaba con sus pezones colocó su sexo aún tembloroso encima de su miembro, lubricándolo con su propio jugo, estaba caliente y mojado, el glande vibraba con la intención de penetrarla.

—¿Te gusta así? susurró ella

—Me estás volviendo loco, pelirroja. — gruñó mientras se mordía el labio inferior.

Estiró un brazo y sacó varios preservativos de la mesilla de noche, mientras ella seguía jugueteando, contorneándose sobre su poderoso pene. Cogió el condón y se lo colocó con pericia.

—No creo que necesitemos lubricante. — Sonrió ella. —me tienes deshidratada, y esto solo acaba de empezar…

—Ya veremos, soy un corredor de fondo, prepárate para lo que te espera.

La penetró, despacio, sin prisa y salió, ante la sorpresa de ella que lo miraba interrogante, y volvió a penetrarla de nuevo, esta vez un poco más mientras ella inclinaba hacia delante su pelvis para facilitarle el paso. Con sonrisa de medio lado, esta vez introdujo todo su miembro certeramente dejándola inmóvil, sin respiración con la boca entreabierta en una mueca entre la sorpresa y el gozo.


Apoyando su peso sobre los antebrazos, y unidos por sus centros le preguntó —¿Me sientes bien así?

Solo pudo asentir con la cabeza, lo atrajo hacia su boca buscando su lengua, marcándole el ritmo a seguir. Sus cuerpos se entendieron perfectamente y el movimiento comenzó inconscientemente, de forma totalmente instintiva. Sudaban, resoplaban y se comían mientras los suaves movimientos fueron tornándose poco a poco en embestidas animales.

Llegó el primer orgasmo con Carlos dentro de ella, en cada movimiento interior que ella le proporcionaba, él enloquecía, y cuando Vicky lo abrazó totalmente estremecida y desbordada, él salió y se sentó apoyándose en el cabecero de la cama.

La atrajo hacia él colocándola a horcajadas de nuevo y fue ella quien introdujo el sexo de su compañero rápido y hasta el fondo, se unieron con fuerza, comenzando a moverse arriba y abajo, empujando ambos como queriendo romperse.

Vicky miraba como Carlos entraba y salía extasiada y contemplaba como se tensaban los abdominales totalmente perlados de sudor. Llegó otro orgasmo, pero no por eso se paró, continuó moviéndose encima de él, presintiendo que otro estaba cercano.

Desde luego el abogado era un buen amante, no solo tenía un físico y una complexión espectaculares, además sabía como tratar a una mujer en la cama. Era tierno e instintivo a la vez, y estaba dotado de un miembro que encajaba perfectamente en ella, era casi perfecto, tanto en tamaño como en grosor. Y mientras esto pasaba por su cabeza, se corrió otra vez echando su cabeza hacia atrás, con sus senos punzantes de placer ahogando un grito de triunfal victoria.

Su amante la observaba hipnotizado, sentía que iba a reventar de placer de un momento a otro y salió suavemente de ella.

Ella aprovechó para quitarle el preservativo delicadamente, Carlos la miraba desconcertado. Con pulso firme le pinzó los músculos del perineo durante unos segundos, dejando sin flujo sanguíneo a su miembro que como un misil se erguía apuntando al cielo. Carlos respiró aliviado creyendo que no podría detener lo inevitable mirándola a los ojos.

—Uf estoy que no puedo más…

—Tranquilo, esto solo acaba de empezar, no dirás que no te he advertido.

Y entonces ella lamió su glande con movimientos circulares, sujetando el tótem desde la base con fuerza, Carlos tensaba toda su musculatura, los marcados transversales confluían hasta la mano de Vicky que se empeñaba en succionar casi con desgana, pero con toda la intención la cabeza púrpura de su guerrero.

Un hormigueo recorrió todo su miembro hasta el ano, nunca había experimentado algo igual, y se tenía por un hombre con gran experiencia. Sin duda follar con alguien que conoce bien la fisiología humana era un plus.

Cada vez que sentía su lengua, notaba que la que tenía más dura y como acudían las ganas de correrse en su boca, pero no quería hacerlo así, lo quería dentro de ella, en esa cueva de placer que Vicky controlaba a su antojo.

Cogió otro preservativo y se lo dio de nuevo a Vicky, cuando ya lo tuvo en su sitio, se abrazaron con un profundo beso, la tumbó de espaldas y colocó las piernas sobre sus hombros, aquella V que formaba la pelirroja con sus piernas y su sexo totalmente abierto le llevó al más absoluto de los éxtasis.

Cogiendo su pene con la mano, y abocándolo en la entrada de ella la penetró con fuerza, con movimientos largos y profundos, cuatro, cinco, seis veces.

—Quédate quieto ahí, no te muevas — gimió ella.

—No puedo parar, me vuelves loco.  

—¡Quieto! —ordenó

Fue entonces cuando sintió como ella contraía las paredes haciendo una succión en la punta de su sexo.

—Entra un poco más y cuando yo te diga, nos correremos.

Sin dar crédito a lo que estaba sintiendo, entró hasta el final y comenzó un nuevo ritmo por parte de los dos, frenético, sin hacer concesiones, de forma totalmente animal, sin controlarse ninguno de los dos.

Vicky le introdujo los dedos índice y corazón en la boca, mojándoselos para que después ella descendiera la mano hacia su clítoris al que comenzó a frotar con ansia al compás de sus entradas y salidas. Carlos miraba atónito las caricias de la mujer y como entraba y salía a placer, notó como todo su cuerpo se concentraba en ese húmedo y caliente punto al ritmo de sus embestidas. Sus respiraciones estaban tan agitadas y acompasadas que intuyeron el uno en el otro que el gran momento era inminente.

Arqueando completamente la espalda ella y hundiendo su cabeza en el hueco de su cuello él, gritó al tiempo que toda su fuerza salía disparada en oleadas cálidas y profundas al interior de la forense que lo recibía con las uñas clavadas en sus costillas.


Permanecieron abrazados y unidos íntimamente un rato, descansando el uno en el otro, sin querer romper el momento, hasta que sus respiraciones se fueron calmando. Se besaron de nuevo, esta vez de forma calmada, reviviendo todo lo que acababan de sentir.

Para Vicky puro sexo del bueno, para Carlos también, pero fantaseaba con repetir el encuentro.

Eran las dos de la madrugada de una cálida noche barcelonesa, y así siguieron follando hasta pasadas las cinco.

Agotado, se abrazó a Vicky con la intención de dormir como dos amantes. Ella se sentó en la cama dándole la espalda.

—¿Te vas?

—Si, es tarde y mañana tengo cosas que hacer

—¿Podré verte cuando vuelva de Formentera?

Ella le sonrió, negando con la cabeza

–Me has hecho disfrutar infinitamente, pero, este punto ya te lo he dejado claro. — Dicho esto, se levantó y lo besó despidiéndose.

—Nos volveremos a ver, Loba solitaria…

Se subió en la moto y bajó por el paseo de San Juan hasta el Arco de Triunfo, donde giró para ir por Gran Vía de las Cortes Catalanas hasta la estación de Sants. Vivía en una pequeña y tranquila calle peatonal, al lado del Parque de la España Industrial, donde podía aparcar la moto de gran cilindrada sin problemas, su única y fiel compañera.

Mientras recorría las calles vacías de la Ciudad Condal experimentó la libertad que le daba su estatus. Soltera por devoción, 43 años, con una carrera meteórica como forense del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cataluña, reconocida por todo el colectivo como una de las mejores en su campo, y dedicada en cuerpo y alma a él, no necesitaba nada más. Tenía pocos, pero grandes amigos, sus padres aún vivían y disfrutaban de su jubilación en una casa al lado de la playa en la Costa Brava. Nunca experimentó a diferencia de sus amigas la necesidad de tener hijos, ni un marido, ni nada que la atara, simplemente era un espíritu libre.

Después de una ducha y casi una botella de bebida isotónica, se metió en la cama, agotada, con esa sensación de vacío que le quedaba después del sexo, y que últimamente se iba acentuando. Optó por no hacerle caso e intentar dormir.

El calor de la noche se colaba por el balcón y con él, el bullicio de los trasnochadores del barrio, algunos hablando y otros simplemente haciendo ruido. Sudaba y no lograba dormirse, le molestaba hasta la braguita que se había puesto para dormir y acabó quitándosela. Tenía el pelo mojado, se lo recogió en un moño alto dejando que su nuca se ventilara.

No le gustaba el aire acondicionado, pero se resignó y lo encendió. Sintió un escalofrío y su cuerpo reaccionó de inmediato erizándose. Sonrió, al pensar que hacía escasamente una hora Carlos lograba en ella el mismo efecto que el aire acondicionado, pero con efecto calor…

Le venían imágenes a la cabeza de su cuerpo, de cómo la tocaba y de lo intenso que había sido todo…quizás podría hacer una excepción, como amante había resultado de lo mejor de los últimos años.

—¡Vicky!, ¿Dónde están tus principios? ¿estás tonta? Ahora resulta que por un buen polvo vas a caer en la trampa, me decepcionas.

Sacudió la cabeza y se dijo a si misma: —¡Ni de coña! — Además había notado en él que estaba receptivo como para querer más, quizás una relación. Se mareó de pensarlo. —¡No, no y no!

Sin darse cuenta habían pasado ya dos horas y había amanecido, el día despuntaba y amenazaba con ser más caluroso que el anterior. A pesar de haber tenido un maratón sexual, Vicky sentía de nuevo el ansia de otro orgasmo, de hecho, notaba en su sexo la humedad que había sentido al principio de la noche.

Sin apenas darse cuenta sus manos se deslizaron por su vientre y entreabrió un poco las piernas, jugueteando con sus labios sentía como se iba mojando cada vez más y su deseo iba en aumento. Giró la cabeza hacia el exterior con los ojos entreabiertos y allí lo descubrió, observándola desde el balcón de enfrente, un chavalete de no más de 20 años. Pelo rizado y largo, luciendo abdominales y una erección considerable le sonreía. Lejos de parar, le devolvió la sonrisa invitándole a su cama.

Abrió la portería y dejó la puerta entreabierta, se acostó de nuevo y el chico no tardó ni 3 minutos en subir. Follaron como adolescentes. El joven aún llevaba una L en la espalda, pero lo compensaba con el más que suficiente tamaño de su arma y cuando obtuvo el par de orgasmos que necesitaba, Vicky se levantó hacia la puerta despidiendo al muchacho.

Una ducha fría la devolvió a la realidad y al vacío. Barajó algunas opciones y al final decidió irse a Sitges a la playa nudista. Un paseo en moto por la costa y una tarde de desconexión era todo lo que necesitaba.

Apenas eran las doce cuando circulaba por la carretera de Castelldefels, con un cielo completamente azul que la acompañaba durante el trayecto, hizo que decidiera ir por la carretera del Garraf en lugar de la autopista de peaje, mucho más rápida, pero sin paisaje que contemplar.

Las curvas y contracurvas le hacían tensar todo su cuerpo sobre los 1500 centímetros cúbicos que llevaba entre las piernas, aún podía sentir la visita del surfero del balcón dentro de ella. Una sensación placentera la invadió mientras contemplaba el mar a su izquierda. Se sentía poderosa, justo lo que siempre había deseado, ser una mujer fuerte e independiente.

Puso el intermitente para girar en dirección a la playa y llegar a la pequeña cala donde solía tomar el sol desnuda. Era uno de los lugares donde experimentaba ser libre. La gran mayoría de los que la frecuentaban eran hombres gais, así que podía estar tranquila sin moscones alrededor.

Colocó el pareo cerca de la orilla, se desnudó y sacó su móvil para escuchar música mientras se relajaba. No había escogido aún que tipo de música escuchar cuando comenzó a vibrar.

—Rius, como me llames por trabajo, te digo desde ahora que no estoy.

—Hola gruñona, no es por trabajo, era para invitarte a comer, pero ya veo que no vas a querer.

—Estoy en la playa, rodeada de vivos, si quieres venir a poner tus carnes al sol, hay un grupo de osos que te darían cremita en la espalda encantados.

—Deduzco que estás en Sitges, pelirroja. —rió el inspector. —¿Nos vemos esta noche y nos hacemos un mojito?

—Mejor sobre las 7 que luego acabamos a las tantas.

—Perfecto, te espero en el de siempre.

Colgó el teléfono, se colocó los auriculares y por fin se tumbó al sol. Tenía ganas de ver a Rius, uno de los pocos amigos que tenía. El y Joan eran los únicos con los que podía contar.

Al primero lo conoció pocos días después de entrar a trabajar como forense, cuando aún era un inspector respetado en el cuerpo de policía, ahora poco quedaba de eso. Hacía 7 años, su mujer lo había abandonado por un camionero francés y se había llevado también a su hija. Nunca volvió a ser el mismo. La bebida se hizo su fiel compañera nocturna. Sus compañeros de trabajo, lejos de arroparle y movidos por la envidia profesional que sentían, se mofaban de él. Si no hubiera sido por Vicky, seguramente se hubiera volado los sesos. Ahora era un triste policía resolviendo casos de mierda, porque los importantes no se los daban. A sus 55 años solo quería llegar a la jubilación o tener una muerte tranquila. Aunque lo que de verdad le daba fuerzas para seguir adelante era su instinto de perro viejo y poder volver a abrazar a su hija.

Y a Joan, que decir de Joan…Se conocían del instituto donde habían sido novios en último curso y en primero de carrera. Un auténtico friky de la informática, programador. Si no abriese la boca no se le supondría informático. Joan Calero había sido siempre el chico guapo del barrio, de pelo largo negro, ojos grises y unas pecas en la nariz que le hacían parecer travieso, pero lejos de eso, era un buenazo. Seguía enamorado de Vicky soñando que acabarían juntos en una casita en la montaña. Y ella lo sabía por eso solía evitar quedar con él a solas para no darle falsas esperanzas.

Era un obseso de la seguridad, su piso era un auténtico bunker, trabajaba para varías empresas multinacionales en grandes proyectos, aunque él siempre le quitaba importancia, se negaba a trabajar en equipo y en ningún otro lugar que no fuera su casa. A finales de su carrera, comenzó a realizar extraños rituales, que solo Vicky conocía y que acabaron convirtiéndose en un trastorno obsesivo compulsivo diagnosticado, pasando por un estado de depresión de la cual no se había repuesto del todo, enemigo de las medicinas y como buen conspiranoico, sus enemigas mortales eran las farmacéuticas y las grandes industrias alimentarias. Amante de la meditación. Tenía su propio huerto en casa y solo consumía carne y pescado que compraba directamente a los ganaderos de su pueblo en Berga y Blanes.

Siempre vestía el mismo atuendo, camisa azul cielo de pico y tejanos negros con zapatillas Nike Cortez con el logo azul, verano e invierno, en Barcelona y en Noruega, le daba igual. Tenía docenas de camisas y pantalones iguales, lo mismo sucedía con el calzado.

Esos eran sus pilares, bueno esos y hasta hacía un par de años también la jueza Gala Navarro. Pero un mal día discutieron por un caso, y no volvieron a hablarse.

A veces pensaba en ella, y le gustaría arreglar las cosas, pero no sabía cómo reestablecer el contacto. Dos mujeres con tanto carácter cuando discuten solo pueden suceder dos cosas, que se maten o que nunca se perdonen.

Ahora por fin se sentía relajada, el sol calentaba sin molestar y el sonido de la música y las olas estaban consiguiendo que desconectara de todo el trabajo que había tenido durante la semana. Si no hubiera quedado con Rius, era el sábado ideal para quedarse a dormir en un hotel que conocía en Sitges y dar rienda suelta a la noche en el paraíso del amor sin ataduras.

Se lo pensó mejor, una zambullida y en un par de horas volvería a Barcelona. Al fin y al cabo, ya había tenido su ración de sexo diario, y había sido totalmente terapéutico.

Cuando salía del agua, unas chicas repararon en ella, se intercambiaron miradas y sonrisas…conocía perfectamente su potencial y el magnetismo que atraía tanto a hombres como a mujeres.

En el momento en que le apeteció, se subió a la moto y puso rumbo a casa, con las pilas cargadas de ego y autoestima.

 

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